







De los valiosos 85 templos de las religiones brahmanista y jainista del siglo X y XI, concretamente son del 950 al 1050, de la antigua capital del reino de los Candella hoy sólo se conservan un total de 22 edificios repartidos en una zona de unos seis kilómetros cuadrados. Su magnífica y profusa decoración escultural ensombrece las cualidades de las otras escuelas escultóricas de la época medieval del continente indio. Son especialmente conocidos en todo el mundo los relieves eróticos de los templos como el de Kandariya Mahadeva en los que los escultores anónimos inmortalizaron las posturas del Kamasutra con una gran naturalidad. En 1986 la UNESCO declaró todo el conjunto como Patrimonio de la Humanidad. Khajuraho está al norte del estado federal de Madhya Pradesh a unos 500 kilómetros al sudeste de Delhi.
El templo de Kandariya está decorado con una gran cantidad de esculturas que lo hacen ser uno de los mejores del arte de la India. Otros templos destacados son los de Jagadambi, Caturbhuj, Laksmana, Visvanatha, Matangesvara, Chausat Yogini, Duladeo, Parsvanatha, Ghantai y Adinata.
El dios de la Luna, Chandrama, fue el fundador de la dinastía. Cuentan que la hija del sacerdote de Varanasi, llamada Amravathi, se bañó en las aguas del río Rati. Era una noche lluviosa. Era tan hermosa que el dios de la Luna no pudo resistir sus encantos.
Y lo que pasa en estos casos era de preveer. El dios de la Luna, Chandrama, descendió de su reino y se folló a la joven. La nena, Amravathi, se sintió violada y para consolarla Chandrama le aseguró que alumbraría al fundador de una raza de hombres fuertes y valerosos. Ni más ni menos. El que edificó los ochenta y cinco templos de Khajuraho era uno de los descendientes de Amravathi y Chandrama.
Era un pueblo sensible, valiente, fervoroso, orgulloso y estaba tan desarrollado que se negaron a aliarse con otros clanes motivo que hizo que terminaran por eclipsarse.
Las esculturas eróticas de Khajuraho representan una muestra impúdica del amor en cualquiera de sus formas más carnales conocidas hoy con el nombre de Kamasutra. En la cultura Chandella el sexo se entiende como una forma de dar placer y facilitar la comunicación. El acto sexual, denominado maithuna, representa algo más que una mera relación erótica. Para los kaula el rito sexual es un instrumento liberatorio a través del que se busca una cosmización de todo el ser. Por todo esto el acto sexual se convierte en un auténtico entrenamiento espiritual.
El hombre encarna el papel de Shiva y la mujer el papel de la Skathi. Su cópula es una relación sagrada que, por lo tanto, debe ser representada en los templos. El sexo es vehículo no finalidad. El éxtasis del amor es un trampolín para penetrar en la quietud y la sabiduría. La pareja se autodiviniza y busca una compenetración que alcanza al cuerpo, la mente, las energías y al yo superior. El practicante, durante la cópula mística, debe hacer gala de su largo entrenamiento yóguico. Le está terminantemente prohibido emitir semen y, en un instante dado, tiene que suspender durante unos minutos la respiración y detener todos los procesos de su mente.
La mujer, la Shakti, aparece en las esculturas de los templos de Khajuraho en escenas cotidianas donde no sólo se muestra como apasionada amante sino también dedicada al cuidado y exhibición de su belleza. Toda mujer es portadora de la fuerza secreta universal. La mujer se convierte para su compañero en amante, novia, esposa, consorte mágica, madre y hermana. Parvati la amorosa. Kali la destructora. Laksmi la que proporciona riquezas. Y, Durga la hechicera. La mujer es considerada como un torrente de amor y de energía que puede despertar la condición divina existente en todo ser humano. Tras haber realizado la iniciación y preparación necesaria hombre y mujer se encuentran en una estancia silenciosa y apacible, levemente iluminada, perfumada y adornada con flores. Él debe ver en ella a una diosa y ella en el hombre a un dios.
Esta mentalidad de la época es la que se representa en las esculturas eróticas que están primorosamente realizadas y representan con minuciosidad tanto los detalles de los adornos y joyas como los gestos sensuales que transcienden de la frialdad de la piedra. Curiosamente esta escenificación de la sexualidad es prácticamente impensable en la India actual donde se elude el tema del erotismo como en tantos otros muchos países. ¡Una pena!
El templo de Kandariya está decorado con una gran cantidad de esculturas que lo hacen ser uno de los mejores del arte de la India. Otros templos destacados son los de Jagadambi, Caturbhuj, Laksmana, Visvanatha, Matangesvara, Chausat Yogini, Duladeo, Parsvanatha, Ghantai y Adinata.
El dios de la Luna, Chandrama, fue el fundador de la dinastía. Cuentan que la hija del sacerdote de Varanasi, llamada Amravathi, se bañó en las aguas del río Rati. Era una noche lluviosa. Era tan hermosa que el dios de la Luna no pudo resistir sus encantos.
Y lo que pasa en estos casos era de preveer. El dios de la Luna, Chandrama, descendió de su reino y se folló a la joven. La nena, Amravathi, se sintió violada y para consolarla Chandrama le aseguró que alumbraría al fundador de una raza de hombres fuertes y valerosos. Ni más ni menos. El que edificó los ochenta y cinco templos de Khajuraho era uno de los descendientes de Amravathi y Chandrama.
Era un pueblo sensible, valiente, fervoroso, orgulloso y estaba tan desarrollado que se negaron a aliarse con otros clanes motivo que hizo que terminaran por eclipsarse.
Las esculturas eróticas de Khajuraho representan una muestra impúdica del amor en cualquiera de sus formas más carnales conocidas hoy con el nombre de Kamasutra. En la cultura Chandella el sexo se entiende como una forma de dar placer y facilitar la comunicación. El acto sexual, denominado maithuna, representa algo más que una mera relación erótica. Para los kaula el rito sexual es un instrumento liberatorio a través del que se busca una cosmización de todo el ser. Por todo esto el acto sexual se convierte en un auténtico entrenamiento espiritual.
El hombre encarna el papel de Shiva y la mujer el papel de la Skathi. Su cópula es una relación sagrada que, por lo tanto, debe ser representada en los templos. El sexo es vehículo no finalidad. El éxtasis del amor es un trampolín para penetrar en la quietud y la sabiduría. La pareja se autodiviniza y busca una compenetración que alcanza al cuerpo, la mente, las energías y al yo superior. El practicante, durante la cópula mística, debe hacer gala de su largo entrenamiento yóguico. Le está terminantemente prohibido emitir semen y, en un instante dado, tiene que suspender durante unos minutos la respiración y detener todos los procesos de su mente.
La mujer, la Shakti, aparece en las esculturas de los templos de Khajuraho en escenas cotidianas donde no sólo se muestra como apasionada amante sino también dedicada al cuidado y exhibición de su belleza. Toda mujer es portadora de la fuerza secreta universal. La mujer se convierte para su compañero en amante, novia, esposa, consorte mágica, madre y hermana. Parvati la amorosa. Kali la destructora. Laksmi la que proporciona riquezas. Y, Durga la hechicera. La mujer es considerada como un torrente de amor y de energía que puede despertar la condición divina existente en todo ser humano. Tras haber realizado la iniciación y preparación necesaria hombre y mujer se encuentran en una estancia silenciosa y apacible, levemente iluminada, perfumada y adornada con flores. Él debe ver en ella a una diosa y ella en el hombre a un dios.
Esta mentalidad de la época es la que se representa en las esculturas eróticas que están primorosamente realizadas y representan con minuciosidad tanto los detalles de los adornos y joyas como los gestos sensuales que transcienden de la frialdad de la piedra. Curiosamente esta escenificación de la sexualidad es prácticamente impensable en la India actual donde se elude el tema del erotismo como en tantos otros muchos países. ¡Una pena!

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